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Si tuviéramos en cuenta únicamente su etimología, diríamos que el Zen es una forma de meditación. Pero esto no es del todo exacto, porque el Zen va más allá de una simple meditación y además no encaja con la idea que tenemos en occidente acerca de lo que es meditar. Entonces, ¿qué es el Zen? Tratar de explicar el Zen con palabras es una tarea inútil. Es como tratar de explicarle a un ciego de nacimiento cómo son los colores. El Zen se basa en la visión clara de la realidad a través de la experiencia directa. Y las palabras son insuficientes para poder expresar esa realidad. Por eso, hablar o escribir acerca del Zen, es hablar o escribir acerca de lo que NO es el Zen. Porque el Zen no son simples palabras o conceptos, sino algo que está por encima de las palabras y de los conceptos. Los maestros Zen a través de todas las épocas han coincidido en afirmar que la única manera de conocer algo es experimentándolo. Esta afirmación es bastante opuesta a la tendencia actual que prevalece en nuestra sociedad, en donde se insiste tanto en adquirir conocimientos para guardarlos en la cabeza y utilizarlos más adelante, generalmente para beneficio propio. En cambio para el Zen, lo que se aprende con la cabeza "no es la realidad", sino una versión distorsionada de la realidad. El Zen propone ver o experimentar la realidad tal y como es. Esto recibe el nombre de "iluminación", porque es como iluminar una habitación que está a oscuras. Es la manera para poder ver las cosas claramente. La iluminación no se trata de un poder superior o un estado de santidad al que llegan ciertos seres especiales. Este es un concepto erróneo que predican algunas personas y religiones para poder ejercer dominio y control sobre los demás. La iluminación es percibir las cosas como son. A la iluminación también se le denomina "despertar de la conciencia", porque percibir las cosas con claridad es como salir de un estado de adormecimiento; es como si toda la vida hubiera sido un sueño, una fantasía, una ilusión. Es un "despertar" a la realidad presente. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede asegurar que el Zen no es una religión ni una filosofía. Y para conocer realmente el Zen, no es suficiente con leer textos sobre Zen (ni siquiera es necesario hacerlo), lo que se debe hacer es practicarlo, experimentarlo.
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